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Le père de mes enfants, de Mia Hansen-Løve (El padre de mis hijos)

Esta es la película más necesaria del mundo.

Porque todos sabemos que el cine dentro del cine lo inventaron los griegos. Y hemos visto demasiados filmes que pretenden homenajear a actores, homenajear a directores, homenajear a guionistas, homenajear a actrices y homenajear géneros cinematográficos. ¿Pero quién ha hecho una película homenajeando la figura del productor? ¿Es que no se había dado nadie cuenta de lo importante que es un productor?

Mia Hansen-Løve sí se ha dado cuenta. Y dedica su necesaria (repito, tres veces, muy necesaria) película a canonizar la inmensa labor del productor. También habla un poco de lo mucho que el productor quiere a su familia, pero menos.

Entiendo que a los que se dedican al cine les guste verse en pantalla. Pero York no tiene por qué aguantarlo. Como tampoco aguanta los libros que sólo hablan de escritores (con todo mi amor, Vila-Matas).

Dicho esto, todavía nos faltan palabras para terminar una entrada presentable. Así que qué añadir. Le père de mes enfants, salvo por la arrogancia egocéntrica del argumento, es bastante correcta. Se intenta representar una familia normal, a través de momentos cotidianos, y se consigue. La naturalidad de los actores y el rutinario montaje son los grandes aciertos de la película.

Se acierta también a la hora de enfrentarse al punto más importante en la trama. Sin ningún recurso cinematográfico. Verdaderamente real. Muy valiente.

En el fondo, a pesar del ombliguismo reinante en el cine francés, en casa gustan estas películas. Donde la muerte es tan aburrida como la vida. Donde la cámara selecciona con precisión los momentos más significativos de tantas vidas minúsculas. Me recuerda en eso al buen hacer de Xavier Beauvois en Le petit lieutenant (El pequeño teniente, 2005) y Des dieux et des hommes  (De dioses y de hombres, 2010) y al talentoso Olivier Assayas de L’heure d’été (Las horas del verano, 2008) y Fin août, début septembre (Finales de agosto, principios de septiembre, 1998)

Y esto quería decirlo York, para impresionarnos. Pero luego resulta que Mia Hansen-Løve era aquella chica amarga de ésta última película. Que está casada con éste último director, Assayas. Aunque no sé hasta qué punto es relevante. Y eso York no lo sabía.

Este blog cada día está más lejos de ser “corrosivo”.

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