Archivos para 28 mayo 2011

J’ai tué ma mère y Les amours imaginaires, de Xavier Dolan

Cuenta la leyenda que hay un canadiense que con menos de veintiún años ha escrito, dirigido, protagonizado, producido y diseñado el vestuario de dos películas. Al parecer, las dos se presentaron en una sección paralela de el festival de Cannes (2009 y 2010). Las dos han sido nominadas a mejor película extranjera en los premios César (los Goya franceses, según los periodistas españoles). Y la primera, titulada J’ai tué ma mère (Yo maté a mi madre) fue seleccionada por Canadá para representar al país en los Oscar. No sé los premios que ha ganado. Hoy en día todas las películas vienen con premio.

El guionista, escritor, director, actor protagonista, productor y diseñador de vestuario es Xavier Dolan.

Armado de valor, he visto los dos títulos seguidos, en estricto orden cronológico. J’ai tué ma mère y Les amours imaginaires (Los amores imaginarios, Heartbeats en la versión inglesa). Supongo que ninguna de las dos se ha estrenado en España. Tienen su punto.

No se puede negar que ambas tienen un estilo muy potente, fundamentado en elementos muy definidos. A saber: planos fijos, encuadres planos, cuidado del color en la iluminación y el vestuario, banda sonora machacona, primerísimos planos a cámara lenta, metáforas visuales más o menos obvias y una línea argumental peligrosamente sencilla. Influido a partes iguales por el plano-en-la-nuca-Van-Sant y por las faldas vintage de Wong Kar Wai.

La ópera prima (maté.madre) es una mierda. Egocentrismo adolescente. Citas sobreimpresas en un flequillo en blanco y negro. También muchas muchas muchas discusiones. Chico de 16 se lleva mal con su madre. Y es gay. Ésta dicen que es la buena.

Su segundo largo (amores.imaginarios) es más plástico. Trata de la atracción que sienten Dolan y una chica hacia un rubio seductor. La realidad y el deseo. El humo del tabaco. Lenta. Lírica, a veces. Y a ratos, confusa. Hay muchos menos gritos que en la anterior. En mi casa lo prefieren así.

Seducir es la única forma de triunfar.

Canadá. A cualquier cosa le llaman hablar francés.

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Never let me go, de Mark Romanek

Nunca me abandones

Never let me go (Nunca me abandones) es una película tremendamente triste. Impecablemente bien rodada, un ejemplo de elegancia visual. A medio camino entre el género romántico y la ciencia ficción, se ha conseguido afortunadamente  un resultado ajeno a ambos géneros.

Es este término medio lo que impide que esta película no termine triunfando entre ningún sector del público. Es un poco lenta y demasiado pesimista para la adoración adolescente. La crítica dirá que carece de intensidad y frescura, que es un producto frío y poco arriesgado. Y el espectador fiel a la ciencia ficción echará de menos las fantasías futuristas, la verosimilitud de la distopía. Justo por eso cuesta fiarse de alguien.

Con un reparto de altura, aunque algo irregular (I’m so sorry, Keira), se relata con delicadeza las relaciones entre tres personas a lo largo de su existencia. La vida de los protagonistas está sujeta a condiciones extraordinarias, sin parangón en la sociedad actual. El principal acierto es, por lo tanto, que el espectador consiga empatizar con los personajes bajo esta premisa. Porque si una cosa queda clara en la cinta es que, sea cual sea la situación a la que se somete a las personas, su manera de sentir oscila dentro de unos parámetros muy limitados. Como si pese a la infinidad de posibilidades, al final, terminásemos jugando siempre con unas pocas mismas cartas.

Se nota que el guión adapta una novela, pues algunas escenas están más cerca de la narrativa literaria que de la cinematográfica. Y no es redonda, claro. Pero no deja de ser un trago con mucha clase: sereno y bastante amargo.

York se pone blando.

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Blog, de Elena Trapé

Portada

Las chicas adolescentes tienen problemas. Se aburren con sus pequeños dramas y es entonces cuando empiezan a tener problemas –serios. Esta es la idea en la que se basa la nueva película de Elena Trapé, que nos llega bajo la garantía dela ESCAC. Todo lo que tengo que decir sobre el tema lo leí aquí, y ahora no me apetece repetirlo.

Tras ver la maravillosa Tres dies amb la famìlia, se aprende que dies es días en catalán, y que cualquier película que surja bajo características similares es interesante por defecto. Superadas las comparaciones iniciales entre una y otra película, Blog se descubre como un proyecto propio construido con inteligencia y solidez.

La forma pretende incorporar con naturalidad el lenguaje de las nuevas tecnologías, la estética  ‘webcam’, a la narrativa. Del mismo modo que las niñas incluyen emplean esta nueva forma de relacionarse como herramienta para comunicarse como nos hemos relacionado siempre. Como ejercicio de estilo, no deja de resultar interesante. Y el resultado final, fragmentado, funciona a la perfección en esta serie de pequeñas historias.

El reparto amateur logra transmitir verdadera sensación de realidad. Es decir, las adolescentes son tan tontas como pensamos que deberían ser. Se relacionan con una pobreza de ideas alarmante, rodeadas de soledad, hastío y finalmente, confusión.

La película no termina de creerse a sí misma y por lo tanto exige quererla así, con su ausencia de pretensiones. Una joya algo experimental en clave menor.

El término estética ‘webcam’ ha sido acuñado por York. Todos los derechos reservados.

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Manifiesto crítico

1. La aportación más importante del crítico de cine no es lo que dice de una película, sino las películas de las que decide decir algo.

2. Jamás aparecerá una nota numérica asociada a una película. La calidad no se mide en número de estrellas. Clasificar el cine en me gusta o no me gusta es una actitud pobre hasta para el Facebook.

3. Hablar en una crítica de escenas particulares o detalles de la trama debería estar prohibido. No sólo es molesto. Es estúpido.

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